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Carta de la Hermana Mayor

Queridos hermanos y hermanas,

¡Qué difícil resulta ponernos en contactos con vosotros a través de estas líneas!

Esta situación tan anormal, indeseada, tan llena de contradicciones en estos tiempos, supone obligadamente un tiempo no solo de reclusión en el hogar, sino de meditación para todos.
Nosotros, los cofrades, los que trabajamos con ilusión durante todo un año para hacer realidad nuestro objetivo de llevar a los Sagrados Titulares por las calles de Málaga demostrando la grandeza del Amor y la Caridad, sabemos que habrá otros años para hacerlo y probablemente con mayor grandeza si cabe. Por eso es ahora cuando más y mejor debemos demostrar nuestro compromiso.

Aún no hemos terminado la Cuaresma y ya sabemos que no habrá procesiones esta Semana Santa. Es complicado asimilarlo y más aún cuando nos faltan esas experiencias de las que vivimos todo el año: el encuentro con los hermanos para las celebraciones litúrgicas, el reparto de puestos a los participantes, ese ensayo para trabajar cada paso y cada marcha para que los tronos acompañen y porten al Santísimo Cristo del Amor y a Nuestra Bendita Madre de la Caridad como hemos ido aprendiendo durante muchos años, con compromiso, tesón, fe y respeto.

Tampoco tendremos nuestra misa tan especial entorno a la Virgen de los Dolores, ni sabremos quién abriría la puerta del Santuario para poner la procesión en la calle. No podremos vivir los oficios compartiéndolos juntos en nuestra parroquia, ni podremos contemplar las lágrimas y las miradas cómplices cuando se acerquen a la Cruz el Viernes Santo por la mañana. Los hombros y las manos no se unirán para hacer los traslados de los Titulares a la Casa Hermandad, ni lloraremos juntos cuando con la puerta abierta, veamos ascender al Cristo del Amor para su entronización mientras su Madre de la Caridad contempla a esos hijos suyos que se han dedicado en cuerpo y alma a hacer posible que ese momento se repita cada Viernes Santo.

Tampoco quedarán en nuestros oídos los primeros toques de campana de dos personas especialmente relevantes en este año para la hermandad, ni podremos oír la marcha dedicada al Cristo del Amor que tan magistralmente ha preparado la Banda de Cornetas y Tambores de la Archicofradía del Paso y de la Esperanza, ni los sones de la música de la Banda de Música Maestro Eloy García de la Cofradía de la Expiración, ni los tambores de la Banda de la Victoria abriendo camino y avisando que detrás de ellos pasarán cientos de niños y nazarenos portando insignias y luz en el camino.

Ni podremos recordar cómo hubiera sido el paso y la oración por la Plaza del Obispo o el transcurso por cualquier calle del recorrido del que todos guardamos un momento especial, o el abrazo cómplice con el hermano tras el encierro, y ese nudo en la garganta pensando en los enfermos y en aquellos que ya no están, y tantas y tantas emociones que se desatan cuando los miramos a Ellos…

En el recuerdo tampoco quedará ese momento único e irrepetible de las manos del vestidor colocando el último alfiler en el rostrillo de la Virgen de la Caridad, ni esa oración que en la cercanía de Su rostro con el nuestro surge de lo más profundo del corazón, ni el encendido de su candelería con una petición personal en cada cirio…

Desgraciadamente, en este año no viviremos los momentos más íntimos con los responsables de la procesión uniendo las manos y poniendo todos los esfuerzos a Sus Pies, ni los nervios por las nubes, ni los abrazos con los cientos de hermanos tras los últimos toques de campana, ni la intimidad en la Iglesia en el traslado de los Sagrados Titulares a sus capillas, ni el roce de nuestros labios en la mano de la Virgen o en el pie del Señor, todo eso y muchas cosas más sabemos que no lo vamos a vivir en este 2020.

El corazón de los cofrades del Amor y la Caridad se quedará este año sin poder compartir momentos esenciales en la vida de hermandad y con el recuerdo de la Semana Santa de 2019, pero debemos demostrar que todo esto es recuperable, que será necesario hacer un importante esfuerzo para colaborar con los que más nos necesitan, que no habrá fisuras en nuestro ejemplo de cristianos comprometidos, que más que nunca cogeremos nuestras manos para rezar, para llevar alimentos a los que lo necesiten, ofreceremos nuestras capacidades a los demás para gestionar, apoyar, acompañar en todo lo que sabemos que queda por venir; por nuestros gestos nos reconocerán y cuando todo esto pase recordaremos lo que hicimos, los testimonios que muchos de los nuestros están dando, médicos, enfermeras, limpiadoras, vendedores… da igual el oficio porque sabemos que habremos puesto el grano de arena fundamental para seguir construyendo, avanzando en el camino, uniendo las inquietudes y las ganas de hacer y compartir.

El Amor y la Caridad serán nuestros referentes para superar lo no vivido y lo que nos queda por delante. Recemos todos unidos y pidamos por tantas y tantas personas que están sufriendo, cuidemos a nuestros mayores, a las personas que están solas, seamos ejemplo para los que nos rodean. Ahora es momento, en unión con nuestra parroquia, con las Comunidades de Padres Agustinos y Hermanos Maristas, con sus colegios, sus alumnos, nuestros seres queridos y todos cuantos formamos la gran familia del Amor y la Caridad, de elevar una inmensa oración al Señor y darle las gracias por habernos permitido compartir tantos Viernes Santos y pedirle a Nuestra Señora de la Caridad que nos proteja a todos bajo su manto.

Tenemos muchos meses de trabajo por delante para que todos los proyectos de la hermandad se hagan realidad, pero ahora es el momento de ser sensibles a las nuevas necesidades y colaborar uniendo nuestras manos y esfuerzos para dejar esta situación atrás lo antes posible.

Un fraternal abrazo.

 

Mª Carmen Ledesma Albarrán
Hermana Mayor