Orígenes
"A fin de dar el mayor esplendor a la fiesta religiosa de Semana Santa,
contribuyendo además a ejercitar la fe católica, se erige una Cofradía en
la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria con imagen del Stmo. Cristo
del Amor, que actualmente se venera en el convento de las Religiosas Agustinas
de esta ciudad." De esta forma rezaba el artículo 1 de los primeros estatutos
de nuestra Cofradía, aprobados el 30 de mayo de 1923. De
su lectura podemos deducir en qué situación se encontraba la Málaga
cofrade del primer cuarto de este siglo: La cofradía del Santísimo Cristo
del Amor nace en unos años de extraordinario auge del fenómeno cofradiero
en la ciudad de Málaga.
Para establecer los orígenes de esta cofradía tenemos
que remontarnos precisamente a 1923, cuando un grupo de devotos influidos
por el momento del auge referido, y encabezados por el entonces capellán
de la iglesia de la Victoria, D. Juan Rodríguez Gutiérrez, se reúnen entorno
a las imágenes de un Cristo Crucificado y de una Virgen Dolorosa que recibían
culto en la capilla del Convento de las Madres Agustinas Descalzas, en
el Compás de la Victoria, muy cerca del templo de la Patrona.
Entre los fundadores se encontraban cofrades procedentes de otras hermandades
del barrio, como la del Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario y la
del Santo Sepulcro.
De estos hermanos, que lógicamente formaron la primera Junta de Gobierno,
destaca el primer Hermano Mayor, Manuel Otaola Soto-Cañavate, cuya misión
principal fue situar a la Cofradía en el panorama social y cofrade malagueño
junto con otras cofradías de más antigüedad y arraigo popular. Así, a
principios de 1924, consiguió el ingreso de nuestra Hermandad en el seno
de la recién fundada Agrupación de Cofradías, lo que significó que se
procesionase por primera vez la imagen del Stmo. Cristo del Amor el Viernes
Santo de ese mismo año
Primera Salida Procesional
Algo más de un centenar de hermanos con túnicas y capirotes negros y capas
blancas, sacan por primera vez en procesión al Crucificado y su Madre
Dolorosa en un trono realizado por Antonio Barramino en talla dorada sobre
fondo caoba, en el que destacan, a ambos lados del cajillo, los bustos
de San Agustín y de su madre, Santa Mónica y, en el frontal, el escudo
de la Orden Agustiniana, adoptado desde un principio como propio de la
Hermandad. El repertorio ornamental de este primitivo trono representa
el deseo de los hermanos de quedar vinculados a la mencionada orden religiosa
desde un primer momento.
Don Manuel Otaola permaneció como Hermano Mayor hasta 1928, sucediéndole
en el cargo, José Ortizlanzas (1928-1929) y José Parra Delgado (1929-1930).
Tras este último, asume la mayordomía Alfredo Kluft y Amat (1930-1935),
cuyos logros se encuentran entre los más significativos de nuestra historia.
Obtiene el título de Real para la Hermandad, privilegio que alcanza de
S. M. Alfonso XIII. De manera extraordinaria en nuestra Semana Santa,
el Rey concedió su representación al propio Hermano Mayor, por
lo que en la Semana Santa de 1931 desfiló un piquete del ejercito detrás
del Stmo. Cristo del Amor, como escolta del delegado regio. Por primera
vez, en un escapulario que lleva el Hermano Mayor como distintivo en dicha
procesión, el escudo agustiniano se completa con la corona real.
Asimismo y debido a los orígenes de la institución, a la vinculación con
las Madres Agustinas e igualmente a la simbología de nuestro escudo, se
otorga el título de Hermanos Mayores Honorarios a la Orden de San Agustín
y se nombra a sus miembros Directores de Culto, manteniendo desde entonces
y hasta nuestros días una estrecha relación con la Cofradía.
La Década
de los 30
La inestabilidad política y las tensiones sociales con las que se abre
la década de los treinta, llevan a las cofradías malagueñas a una situación
muy difícil de la que no será ajena la cofradía del Amor. Sin embargo,
la "quema de conventos" de mayo de 1931, en la que fue pasto de llamas
un gran número de imágenes de cofradías y en la que quedó destruida la
mayor parte de lo que en la década anterior habían conseguido las hermandades,
no afectó gravemente a esta Real Cofradía, ya que los grupos de incendiarios
y saqueadores no llegaron a asaltar la iglesia de la Victoria, protegida
por el carácter militar del contiguo hospital, quedando por lo
tanto a salvo las imágenes del Cristo y la Dolorosa.
No obstante, a la vista de los aconteciminetos que se sucedían
en esos días 11 y 12 de mayo, un grupo de cofrades se armó
de valor y retiró las imágenes de su capilla en la Victoria,
a fin de ocultarlas y evitar su posible destrucción. Entre ellos
cabe destacar a Carlos Tomassetti Caritat, quien se llevó ambas
efigies a su casa, que por motivos laborales se encontraba en el recinto
del puerto de la ciudad, donde fueron escondidas tras un tabique hasta
que estimaron los responsables de la Hermandad que el peligro había
pasado y pudieron devolverlas a la Victoria, una vez cambió el
signo políitico y se apaciguó la ola de anticlericalismo.
Así, tras tres años de incertidumbre y miedo en los que no salieron
procesiones, en 1935, son nueve las cofradías que hacen su estación de
penitencia, una de las cuales es la del Stmo. Cristo del Amor.
En ese mismo año, los cofrades decidieron incorporar una advocación
mariana al Título de la Cofradía. El lema de los frailes
mínimos de San Francsico de Paula -"Caritas"- "omnipresente"
en la decoración de la iglesia de la Patrona, debió influir
para la elección del nombre de la Virgen. Su imagen, de la que
no conocemos el autor y apenas se conserva algún testimonio fotográfico,
fue bendecida en enero de 1936, en el transcurso de una solemnísima
ceremonia.
Los sucesos
que siguieron al fracaso inicial del alzamiento militar del 18 de julio
de 1936 sí afectaron plenamente a la Hermandad. La imagen de Nuestra Señora
de la Caridad, bendecida hacía apenas unos meses, fue destruida
por las llamas, como sucedió con los enseres y el archivo, ya que el almacén
donde se conservaban fue saqueado. Las imágenes del Cristo Crucificado
y de la Virgen de los Dolores de nuevo se salvaron del fuego: fueron ocultados
provisionalmente en el contiguo Hospital Militar, para ser escondidas
finalmenteen el coro del templo donde permanecieron bastante tiempo, mientras
el recinto permanecía cerrado.
El 28 de febrero de 1937, apenas transcurridos 20 días de la entrada de
las tropas nacionales en Málaga, se reúne la junta de gobierno iniciando
su reorganización. En esta etapa destaca la figura de Alfonso Sell Aloy,
Hermano Mayor de la cofradía desde 1935, quién se mantendrá
en el cargo prácticamente cuatro décadas.Su labor constante
y entrega total fue uno de los principales motores de esta recuperación
antes aludida.
Una de las primeras actuaciones de la cofradía en estos primeros años
se concreta en la compra, por 9000 pts. de las imágenes a la comunidad
de Madres Agustinas Descalzas, establecida ya en Antequera. Se realiza
la adquisición en 1940 con la mediación del Obispo de Málaga.
La Reconstrucción
Esta Real Cofradía entra en una dinámica de reconstrucción en la que hay
que señalar como aspecto fundamental su vinculación con organismos, instituciones
y personajes del nuevo régimen, tal y como sucede en la práctica totalidad
de las cofradías malagueñas en estos momentos de implantación del nuevo
estado. Así pues, aunque la Cofradía del Amor no estuvo vinculada a ninguna
institución militar, sí mantuvo durante largo tiempo una intensa relación
con instituciones civiles, entre las que destacan la Comisaría de Abastecimientos
y Transportes, el Ministerio de Agricultura y, posteriormente, el I.N.I.
Aparte del trasfondo ideológico de estos vínculos, hay que destacar que
gracias al apoyo y las subvenciones de estos organismos como complemento
al trabajo de los cofrades, la cofradía fue enriqueciendo su acervo con
valios´simos enseres y fue adquiriendo esplendor tanto en sus actos de
culto como en sus procesiones cada Viernes Santo, que la llevaron a convertirse
en una de las hermandades señeras del panorama cofrade malagueño.
La intensa relación existente con las instituciones y cargos relevantes
del Movimiento, se vieron reflejados en un impresionante y nunca igualado,
hasta ahora, incremento del patrimonio de la cofradía.
Es justo señalar que al apoyo institucional se unió el ímpetu de los cofrades,
que se las ingeniaban para sacar el mayor dinerillo posible mediante rifas,
loterías, sorteos...
Don Alfonso Sell Aloy se convierte en el gran valedor de la Cofradía ante
el Nuevo Estado. Su amistad con D. Carlos Rein Segura, Director General
de Abastecimientos y Transporte, Subsecretario de Agricultura y posteriormente
Ministro de este área, fructificó en las grandes mejoras que se obtendrían.
Así, y en sólo doce años (1942-1954), fueron realizados un manto de casi
6 metros y un palio, obras de Leopoldo Padilla. También por este bordador,
8 paños de bocina, y 2 fantásticos estandartes bordados por ambos lados.
Se compró para la Virgen el trono, se renueva por completo los equipos
de los penitentes, y se afronta todo tipo de reforma de los enseres, situando
a la cofradía en una de las señas de identidad de Málaga, punto de referencia
de la Semana Santa, y ejemplo para el resto de cofradías en crecimiento,
culminándose este proceso en 1958 con la construcción del trono para la
Señora de la Caridad.
Inestabilidades y Cambios
de Sede
En 1944,
el Obispado de la Diócesis comunica al Hermano Mayor que iba a reconstruirse
la iglesia de la Merced, como estaba proyectado, y que la Cofradía del
Amor tendría que abandonar el Santuario de la Patrona. Ante este hecho,
por iniciativa de la Comunidad Agustina en Málaga se establecen contactos
entre la Orden y la Junta de Gobierno para trasladar la Cofradía a la
Iglesia de San Agustín, traslado que se abortó por la negativa del Provincial
Agustino en El Escorial. No obstante, el cambio de sede se produce, siendo
a la Capilla Castrense, antigua Capilla de la Orden Tercera de San Francisco
de Paula, al acceder el Ministerio del Ejercito a la solicitud de la Cofradía.
Los Sagrados Titulares son trasladados a la nueva sede en enero de 1949,
quedando el Cristo del Amor y la Virgen de los Dolores instalados en el
altar mayor, mientras Nuestra Señora de la Caridad ocupa un altar lateral.
En la Capilla del Cistro del Amor, como empieza a denominarse al pequeño
templo situado frente al Santuario de la Patrona, encuentra la Cofradía
un espacio ideal para desarrollar una gran actividad en lo que a cultos
se refiere.
En los años sesenta y setenta, la cofradía sufre altibajos, como sucede
con muchas otras cofradías malagueñas. La falta de renovación entre los
directivos, muchos de ellos con más de treinta años en la Junta de Gobierno,
así como las situaciones de crisis del panorama cofrade en general, convierten
éste en un período un tanto oscuro en la historia de la Hermandad.
Se llega al extremo de provocar el espectáculo bochornoso protagonizado
por el trono de la Virgen en la Semana Santa de 1969 en la que la lluvia
y su excesivo peso, hicieron que los hombres de trono no pudiesen continuar
la procesión, hundidos por el esfuerzo. Ante ese caso D. Alfonso Sell
decide que, para no interrumpir el transcurso normal de las procesiones,
se espere que pasen las demás cofradías y volver por el recorrido más
corto. Pero tras pasar el trono de la Virgen de la Soledad del Sepulcro,
milagrosamente y en una demostración de esfuerzo y generosidad, los hombres
levantaron el trono y subieron al Santuario tras el trono antes citado.
Este hecho sirve de revulsivo de cara a la incorporación de la juventud,
al menos en lo que al papel de portadores de trono se refiere: el año
siguiente ya son alumnos y antiguos alumnos agustinos los que portan el
trono de la Virgen de la Caridad, mientras que, cuatro años más tarde,
alumnos y antiguos alumnos del Colegio Marista empiezan a sacar en procesión
al Cristo del Amor.
En 1972, por orden del Capitán General de la Región Militar, la cofradía
tiene que abandonar la Capilla Castrense debido a la situación ruinosa
en la que se encuentra parte del edificio, por lo cual regresa a la Iglesia
de la Victoria para ocupar esta vez los dos altares situados bajo el coro
del templo.
La salida de la crisis
Se presentan
los años 80 con un dificultosa salida a la crisis. Se suceden intentos
de renovación por parte de grupos jóvenes que no llegan a fructificar
porque las estructuras de la cofradía aún no se han renovado.
Hacen falta nuevos estatutos y nuevas directrices en consonancia con la
recuperación de la Semana Santa a la que la Cofradía se incorpora tardíamente.
En la segunda mitad de los ochenta comienza el resurgimiento con la incorporación
de gente joven y con la inclusión en la vida de la Cofradía de hermanos
procedentes del Colegio Agustino, A.P.A. del Colegio "Los Olivos", Colegio
Marista y barrio de la Victoria.
Lamentablemente este periodo de crecimiento se ve interrumpido con los
acontecimientos de los años 90, 91 y 92. El afán de todos y las ganas
de hacer crecer la Cofradía, chocaron con las distintas visiones de como
hacerlo que tenían los miembres de la joven Junta de Gobierno. Se producen
discordancias y malentendidos, que desemboca en un enfrentamiento cuyo
final son los tristes acontecimientos del ejercicio 91-92, donde la prensa
llegó a reflejar lo que sucedía y con un continuo e infructuoso carteo
en los distintos periódicos que lo único que consiguió fue perjudicar
la imagen de la Cofradía.
Superados estos acontecimientos, la nueva Junta de Gobierno sigue con
la labor de reconstrucción de la Hermandad y de recuperación de sus señas
de identidad, sueños como la Casa-Hermandad, la culminación del trono
de la Virgen y otras muchas cosas, perduran hasta nuestros días.
Hermanos Mayores
Los Hermanos Mayores de la cofradía desde sus inicios han
sido:
Manuel Otaola Soto-Cañavete (1923-1928),
José Ortizlanzas (1928-1929),
José Parra Delgado (1929-1930),
José Kluft (1930-1934),
Alfonso Sell Aloy (1934-1983),
Luis Espinar Villaespera (1975-1980),
Alfonso Sell Cristiá (1982-1992),
Federico Fernández Basurte (1992-2000),
Francisco M. Cantos Recalde (2000-2008),
María del Carmen Ledesma Albarrán (2008- .
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