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Carta de la Hermana Mayor Pascua 2021

Queridos hermanos y hermanas en el Amor.

Comienzo esta última carta como Hermana Mayor, con el recuerdo de una Semana Santa con estampas únicas, vivida de una manera jamás soñada y con el deseo de felicitaros la Pascua de Resurrección, porque Resucitar con Cristo nos ayudará a seguir mejorando como cristianos comprometidos.

Después de 13 años, cerramos una dilatada etapa en nuestra cofradía en la que la actitud de servicio ha sido nuestro principal empeño. Muchas cosas han quedado en el tintero pero más allá de los proyectos materiales está la alegría y la satisfacción, no sólo por el trabajo realizado en la Cuaresma y Semana Santa pasadas, sino por la vida de hermandad, por los inconvenientes que se pudieron salvar aunando disposición y buena voluntad, por logros conseguidos con tesón y esfuerzo, y por supuesto, siempre con el recuerdo de los encuentros, los detalles, los momentos especiales y los amigos, esos que día a día demuestran el valor de lo que realmente significa vivir en hermandad.

Desde la llegada del COVID a nuestras vidas, éste nos ha ido marcando cada uno de los pasos que hemos dado y aunque el propósito sea seguir adelante, por segunda vez consecutiva, hemos sufrido las consecuencias de la pandemia y no hemos podido vivir una Cuaresma y Semana Santa de las llamadas al “uso” ya que en todos los actos hemos visto como este virus que nos ha cambiado la vida. A pesar de ello, todas las áreas de la Junta de Gobierno han realizado un esfuerzo encomiable por preparar las celebraciones con las lógicas limitaciones, pero con el mayor esmero. Los que habéis podido acercaros a nuestra sede canónica, habréis comprobado los excelentes altares efímeros que se diseñaron y realizaron con el objetivo de acercar a Nuestros Titular esa todos los hermanos y al público en general. Desde prácticamente el Compás de la Victoria y tras el hueco que se abría en la puerta de la Basílica, pudimos ver a Nuestra Bendita Madre de la Caridad salir a nuestro encuentro, con sus brazos abiertos una vez más dispuesta a recibirnos para poner en sus manos todo el dolor de este último año, los recuerdos de los que se fueron, aquella vela que nunca se apaga, pero también las alegrías de los recién casados, de los que inician su vida laboral, el anhelo de ese hijo que está por nacer, tantas cosas que sólo Ella sabe.

Y embelesados todavía por el esplendor de la Madre, sólo con girar brevemente la vista ahí estaba Él, ocupándolo todo de su Amor infinito, mostrando el camino como principio y fin. El Cristo del Amor, se presentaba sobre un sencillo monte y en una estampa que quedará para el recuerdo, con elementos pasionistas que rememoraban los primeros tiempos de la cofradía próxima a cumplir su primer centenario. Con la cercanía que permitió el poder rodearle por completo y contemplar su imagen en la intimidad a la luz de las velas, miles de hermanos y devotos que pasaron a visitarle en esos días, tuvieron ocasión de estar a su lado y poner a sus pies sus oraciones.

Es el momento de interiorizar y poner en práctica lo vivido y lo aprendido. Ahora nuestros jóvenes cofrades, que ya “son presente de nuestras hermandades”, deben asumir esa gran responsabilidad para mostrar con valentía su gran capacidad de implicarse y dar testimonio de los valores que comparten en su realidad cristiana.

Es una satisfacción comprobar como nuestra cofradía se muestra solidaria ante situaciones personales no ajenas en épocas de crisis, creemos que es nuestra responsabilidad con el prójimo y no olvidamos nuestro objetivo fundamental: que la Caridad, ahora más que nunca, debe ser la base de nuestro sentir y uno de los pilares sobre los que fundamentar nuestro trabajo. Cada uno desde su propio compromiso personal, colaborando con las distintas campañas y sintiéndonos orgullosos al comprobar que somos capaces de unir nuestro tiempo para darlo a los demás. Ahí debe estar el ejemplo de los cofrades del Amor, en honor a la advocación de nuestra Virgen de la Caridad, ayudar siempre a los que más lo necesitan. Es el momento de devolver a la sociedad lo que en otros momentos hemos recibido de ella; la piedra sobre la que sustentarnos está puesta para seguir creciendo y edificando sobre roca firme, por ello, ahí seguiremos estando los hermanos y hermanas de la Cofradía.

Aprovecho estas líneas para agradecer a todos los hermanos cofrades su apoyo incondicional durante todos estos años. Nada hubiera tenido sentido sin la participación, la complicidad y el enorme cariño que he recibido de cada uno de vosotros. Si tuviera que escribir los nombres de todas las personas (en muchos casos anónimas) que han sido parte fundamental de nuestra cofradía en los últimos 13 años, no conseguiría finalizar esta carta. Deseo que el Cristo del Amor y nuestra Buena Madre de la Caridad sepan recompensarles a todos sus desvelos y esfuerzos. Sin embargo, permitidme en estas líneas agradecer de manera pública y muy especial, el trabajo de nuestros mayores y no tan mayores, aquellos que asumieron en cada momento la tarea de preservar nuestras raíces y continuar con el legado, de los cuales he recibido no solo su cariño y su apoyo, sino un gran ejemplo de lealtad, generosidad y compromiso con su Cofradía y con mi persona. A todos ellos, mi sincera e infinita gratitud.

Igualmente, no puedo olvidar testimoniar mi agradecimiento a cuantas personas, sin ser hermanos pero sí familiares o amigos, se han acercado a la cofradía para prestar su colaboración puntual o de forma continuada en estos años, así como a las empresas e instituciones que nos han apoyado en todos y cada uno de los proyectos que hemos acometido. Con todos ellos siempre tendremos una deuda de gratitud porque sin su generosa entrega no hubiera sido posible seguir creciendo como siempre hemos hecho, a pasito corto.

Ahora, tras un largo trayecto recorrido llega el momento de hacer un alto en el camino, depositar la cruz guía en el suelo y dejar que un nuevo hermano o hermana mayor la recoja y la eleve, sintiendo el profundo orgullo de ser heredero de una gran historia y con un futuro lleno de ilusión y proyectos. No tengo la menor duda de que desde el frente de procesión, la persona que salga elegida, sabrá mirar adelante sin olvidar nunca que para llegar ahí hay muchos hermanos que iluminarán el camino de Nuestros Sagrados Titulares.

Y tras el intenso trabajo realizado durante estos años y con el compromiso generoso de seguir aportando nuestra presencia, inquietudes, ilusiones y proyectos, se abre ante nosotros una nueva etapa llena de esperanza a pesar de las dificultades, en la que una vez más, los cofrades del Amor deberemos demostrar que donde hay Caridad y Amor, allí está Dios.

María del Carmen Ledesma Albarrán
Hermana Mayor

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