Formación

La familia: desafío para la nueva evangelización

Todos estamos llamados a ser apóstoles. Y si queremos tomar en serio esta misión, entonces tenemos que empezar por nuestra propia casa. Tenemos que empezar por renovar y evangelizar a nosotros mismos, nuestra propia familia. Recién después y en segundo lugar podemos pensar en los de afuera: las demás familias del país, nuestra sociedad e Iglesia.

Ahora, ¿por qué la Familia constituye un desafío para la Nueva evangelización?

1. Es un desafío, en primer lugar, porque hoy en día la familia está en crisis. El deterioro creciente de la familia natural es uno de los problemas más alarmantes en nuestro pueblo: divorcios, separaciones, conflictos y rupturas familiares, padres ausentes, madres solteras, niños y jóvenes abandonados. Se van disolviendo los vínculos fundamentales de la familia, porque al hombre de hoy le cuesta crecer hacia un amor sano, maduro y generoso.

Y conocemos las trágicas consecuencias de todo esto para el sano crecimiento de nuestra juventud, para su estabilidad sicológica, su madurez afectiva y su vivencia religiosa.

2. La familia es, además, un gran desafío para la Nueva Evangelización, porque es la base de la sociedad. En ella, el hombre aprende a amar, a solidarizarse, a asumir responsabilidades. En ella aprende también a ser padre y madre, hijo y hermano. En la familia es donde se decide la futura actitud social de un hombre. En ella se aprende a tratar a los otros, no como cosas, sino como a personas. En la familia se aprende a dar amor, porque se recibe amor.

El hombre logra crecer sano, fuerte y equi-librado si sus vínculos familiares son sanos. El-los representan su seguridad existencial, su sentido, su alegría. Un niño, al nacer en un hogar, entra naturalmente en ese mundo de vínculos que es su familia: su mamá, su papá, sus hermanos, su hogar. Y en torno a esos vínculos básicos construye su mundo propio. Sin familia, el hombre no tiene lugar en el mundo, no tiene origen, no tiene raíces. Lo que le pasa a un árbol sin raíces, le pasa al hombre sin este enraizamiento en su familia.

Por eso, no podemos construir una sociedad más sana y más cristiana, si descuidamos las familias. No podemos evangelizar nuestra patria, sin evangelizar primero nuestras familias. Y todos aquellos que no luchan por una familia unida en el amor, todos aquellos están destruyendo al país.

3. Por eso, la familia es un gran desafío evangelizador, por que es fundamento y signo de la Iglesia. La Iglesia se gesta a partir de cada hogar cristiano, como comunidad y escuela de fe. Por eso se le da título de “iglesia en pequeño” o “iglesia doméstica”.

Por el sacramento, cada matrimonio cristiano debe ser transparente y testigo del amor de Cristo para con su Iglesia. Cada Pareja recibe la misión de reflejar en su vida el amor generoso, fiel, fecundo y heroico de Cristo. Pero no es fácil lograr en nuestras familias esa presencia viva del Señor. No es fácil evangelizar nuestras familias, p.ej. fomentando la oración en común, la frecuen-cia de los sacramentos, la lectura bíblica o espiritual, el ambiente religioso, las costumbres cristianas…

El hogar de María, en Nazareth, representa el modelo de todo hogar cristiano. Allí Jesús era el centro y su presencia llenaba la vida entera de la pequeña familia. Lo divino y lo humano se entrelazaban en una síntesis perfecta. Para María, conversar con su Hijo Dios ya era rezar.

Ciertamente esto representaba una situación excepcional, imposible de imitar. Sin embargo, María puede y quiere educar hoy nuestras familias según el espíritu de Nazareth. Y es urgente que lo haga. Porque en la medida en que se descris-tianiza el ambiente exterior, se redobla la impor-tancia de la familia cristiana como escuela de la fe. Ya no es evidente que los hijos, por el hecho de haber sido bautizados, conservarán para siempre la fe.

En el futuro, sólo aquellos padres que conscientemente hacen de su hogar un reflejo del hogar de Nazareth, podrán confiar con ejercer una in-fluencia de fe, duradera y profunda, en el corazón de sus hijos.

Queridos hermanos, es grande el desafío de evangelizar a nuestra propia familia y convertirla, poco a poco, en reflejo de la Sgda. Familia de Nazareth.

Pidamos, por eso, a Jesús, a María y a José, por la renovación de nuestras familias y todas las familias del país. Que ellos las bendigan y protejan y las eduquen según el espíritu de su Familia de Nazareth.

¡Qué así sea!  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Nicolás Schwizer 

Instituto de los Padres de Schoenstatt

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