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Visita a la Comunidad de Padres Agustinos

¡Gracias! Es la única palabra que nos viene al corazón. La que mejor puede resumir tantos sentimientos. Gracias por la acogida, por el cariño y la cercanía con la que la comunidad agustiniana “Nuestra Señora de Gracia” recibió en su colegio de Los Olivos a un grupo de cofrades del Amor y la Caridad.
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Allí pasamos unas horas de convivencia con nuestros Hermanos Mayores Honorarios y Directores de Culto (desde 1931), quienes nos hicieron sentir en nuestra propia casa. Gracias al Prior y a la Comunidad de Padres Agustinos con quienes compartimos la comida como signo de fraternidad.
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Esta visita supuso un reencuentro con nuestra propia historia. Siempre hemos visto por nuestra casa hermandad las fotos de otras visitas a la comunidad: fotos añejas, en blanco y negro, de Don Alfonso Sell Aloy compartiendo la mesa con los padres agustinos; otras, también de Don Alfonso y en blanco y negro, pero algo más cercanas en el tiempo -bueno, más de cuarenta años las contemplan-, en un recién inaugurado colegio de Los Olivos, y de nuevo la comida compartida como momento de encuentro; fotos ya en color, con Alfonso Sell Cristiá y el Padre Llordén en la sala prioral, que nos evocan siempre aquella anécdota del sabio agustino que creía que la medalla que le había llevado la Cofradía era de oro y que, abrumado, no se atrevía a aceptarla, hasta que se le explicó que sólo era metal dorado y que materialmente valía bien poco; recuerdos de muchos ratos compartidos en el colegio entre preparativos de verbenas, visitas de la Virgen,…
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Y el sábado pasado de nuevo estábamos allí, en confianza para contar nuestras cosas, sintiéndonos escuchados; atendidos por los miembros de la comunidad con la naturalidad de quien recibe a quien es cercano a la familia y, al tiempo, con los detalles con los que se halaga a la visita extraordinaria. Allí estábamos con la satisfacción que nace en lo hondo del corazón cuando aquél a quien quieres agradar sinceramente recibe tus muestras de afecto con gratitud y cariño.
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En la visita tuvimos la oportunidad de conocer el nuevo oratorio de la comunidad. El Prior, P. José Luis Sánchez Ortiz, junto con Fr. Justo Díaz Villareal, nos mostraron este espacio sencillo y acogedor, creado para la oración y la celebración diaria de los miembros de la comunidad. Un espacio donde, como nos decía Fr. Justo, también se reza por los hermanos del Amor y la Caridad. Para dejar un recuerdo de nuestro encuentro y un testimonio más de nuestra vinculación histórica, entregamos al P. José Luis una antigua pila benditera -una pequeña pieza del siglo XIX, en alabastro y esmalte- para que, dentro o fuera de este espacio, donde ellos estimen oportuno, quede como un gesto más de nuestra amistad.
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Después y una vez más, pudimos disfrutar de las preciosas vistas, de la paz del entorno de aquella casa y su privilegiada ubicación. En ese momento pudimos ir saludando al resto de la comunidad. Qué alegría volver a ver al P. Manrique y escuchar de su boca las explicaciones sobre la grandísima obra que ha realizado, recopilando y comentando los textos de Santo Tomás de Villanueva y que ha publicado la BAC en una edición preciosa. Nuestra enhorabuena por esta obra y por toda una vida dedicada a la investigación y a la docencia.
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De allí, pasamos al comedor para almorzar en un ambiente de familia y después, una larga sobremesa en la que, entre bromas y temas serios, la conversación -el diálogo- nos permitió seguir conociéndonos mejor, profundizando en una relación que se ha tejido a lo largo de más de ochenta años y que tantos beneficios ha dado y da a la Hermandad, una vinculación felizmente actualizada y no sobre esquemas protocolarios o títulos huecos, sino en la búsqueda de la comunión, en la convicción por parte de la Cofradía de que la espiritualidad agustiniana forma parte de su identidad, de su esencia y que sobre ella debe formarse y debe servirle como referencia en su vida de Hermandad.
Una relación relanzada, revisada, reconciliada y “reciclada”, que apunta al fondo más que a la forma, que se desprende de otros aspectos más superfluos y que se basa en la confianza, en la cercanía, en la oración y la celebración compartida de la Eucaristía, en la presencia activa y servicial de los agustinos en nuestra Hermandad, en nuestra disponibilidad cofrade en San Agustín, la iglesia donde hemos encontrado nuestra segunda casa.
Al cabo de casi ochenta y cinco años de relaciones, las raíces de esta vinculación son ya profundas y fuertes. Sabemos que nos tenemos mutuamente.
Ahora, a seguir trabajando; a continuar caminando, apoyándonos en lo que nos une: el sentido de la fraternidad en nuestra vida comunitaria y del servicio que es llevar el Amor y la Caridad a la vida.
El próximo encuentro, en nuestra casa hermandad. Allí esperamos a nuestros queridos agustinos, a nuestros Hermanos Mayores Honorarios y Directores de Culto.